sábado, 24 de septiembre de 2016

De cuando la conciencia de Carmelo se encontró con la memoria de Manuel Ramón



No fue un encuentro casual. Luego seria en un juzgado para tener su continuación en un lugar, mitad real, mitad ficticio, se dio en una nube llamada, Opinión pública. 

                                                                               

La conciencia de Carmelo estaba contrariada, revuelta, enroñada en mil tribulaciones surgidas tras meses de pensar qué iba a hacer cuando tuviera que echar por tierra una trayectoria profesional de tantos años, menos años que el de hasta ser vetado al dictado político fue su colaborador habitual. 

La memoria de Manuel Ramón sin embargo, se mostraba fresca, inmensa, capaz de hacer retornar del pasado cientos de detalles tenidos con Carmelo, que no cabrían en mil discos duros. 

La conversación entre ambas (memoria y conciencia) iba desde el porqué al para quien, desde la vergüenza a la humillación a una velocidad de vértigo. A cada recuerdo de la memoria de Manuel Ramón un cachetón directo a la conciencia de Carmelo.

                                           
MEMORIA Y CONCIENCIA  

                                                                                 
                                   

Salían a relucir los años en que desde las ondas hertzianas regaban todo el vómito a Carmelo, a quién siempre se acusó de estar a sueldo como mercenario del gobierno de turno, indistintamente del color político. De mamporrero y lazarillo (después de la jubiliación) del alcalde o alcaldesa de turno.

Y ahí estuvo Manuel Ramón para defenderlo, apoyarlo, solidarizarse y hasta servirle de freno a su lógica ira, dejó caer la memoria documentada de Manuel Ramón

Años duros en que hasta la familia Ojeda sufrió, como tantas otras, por un gobierno que como el actual hacia sufrir a la ciudadanía. Se llegó a difundir durante años que Manuel Ramón era el esposo de la hija de Carmelo

Fueron los años del plomo en Telde, en que se puso en duda las razones, por razones obvias, su jubilación anticipada, la legalidad de su empresa, las subvenciones y publicidad que cobraba del gobierno, la honorabilidad profesional, la seriedad y credibilidad de su medio. Y ahí estuvo Manuel Ramón, peleando con uñas y dientes por el colega, casi amigo Carmelo.

Hay indígenas que se niegan a que les saquen fotos por miedo a que, dicen, ese flash les robe el espíritu. La memoria de Manuel Ramón se preguntaba en qué momento la conciencia de Carmelo habría recibido ese flash que le arrebató su espíritu de buena gente, de compañero, de persona agradecida, de luchador contra la golfería política instalada en esta cada vez más aldea pitufa (en vez de ciudad) del reino.

Porqué el Carmelo intelectual, licenciado, catedrático, hombre letrado y casi patricio de Telde, se había convertido en un “indígena” más, asustado, presionado, aterrorizado, arrodillado al alcalde o alcaldesa de turno por un puñado de euros. 

La conciencia de Carmelo durante tantos años tallada a fuerza de ejemplos y celebrada por gentes de todas las condiciones e ideologías se quebró dejando paso a la decepción, el desengaño, la traición y el tantas veces requerido en esta ciudad, “si te he visto no me acuerdo”, “no me consta” y “yo no sabía” llegando a cuestionar mi titulación universitaria

La memoria de Manuel Ramón sale de esta más clara, más grande, llena de valor y honra, de coraje y huevos. Sale mirando al pasado, al presente y seguro que con ganas de acumular en su cabeza más victorias o derrotas, pero seguro un buen lugar para su conciencia. 

                                                                           

La conciencia de Manuel Ramón sigue limpia y tranquila, llevando con enteresa una sola condena de un político, gajes del oficio, una y sólo una, frente a las múltiples condenas judiciales de Carmelo en acciones penales emprendidas contra Carmelo por ciudadanos de a pie, entre otras, la de José Luis Pérez González, Maribel Castro o Conchy Vera, por ejemplo. 

                                                                       

Y de clemencia, ruego y súplica habrá tiempo de recordar la bajada al pilón de Carmelo al senador socialista, Pepe Alcaraz para que mediara en una sanción económica de la Agencia de Protección de Datos o de cuando para que un político le retirara de una querella conjunta contra mi también se le bajó a pilón, para primero vetarme en su medio y luego venderme en los Tribunales, en vez de negociar como un compañero, y sobre todo como un hombre, sacar a Manuel Ramón a la vez que a el mismo de esa querella. 

Memoria y conciencia. Ya tendré tiempo de explicarlo menudito "pá" la cachimba.

Conviene recordar que quienes tienen que rendir cuentas a la ciudadanía son los políticos que cobran sus sueldos de nuestros impuestos. 

Los ciudadanos no tenemos que ser ejemplo de conducta ni comportamiento, ni por supuesto rendir cuenta de nada a nadie. 

Dicho esto, se agradece la campaña de promoción a este humilde navegante de la Paz y el relanzamiento al diario digital Onda Guanche, convirtiendo en trending topic en las redes sociales las informaciones compartidas del Caso Mansión, cuya foto real y vídeo se publicará en breve.

Lástima que la sensibilidad de la alcaldesa imputada por la Justicia Carmen Hernández con la pinza de lazarillo en el Caso Mansión no sea igual con las familias en exclusión social, de quiénes se mofan, con los Mayores a quiénes han abandonado, con los pobres y desfavorecidos, con la apertura de las Escuelas Infantiles, mientras Telde agonizaen una ciudad donde se sufre desde la impotencia con un gobierno de laboratorio que ha desengañado y desilusionado a la ciudadanía a quiénes han engañado con mentiras y falsas promesas.

Prohibido olvidar.



Manuel Ramón Santana, natural de Telde, director de Telde Libre, profesor especialista en Educación Especial por la Universidad de Burgos.