"DEL ATEÍSMO AL FLAN DE HUEVO"

                                                                      


                                                                     



OPINIÓN 

Tomás Arencibia Mireles 


Las religiones que creen en Dios o dioses (teistas), aparecieron hace unos 14.000 años, mientras que las primeras religiones (animistas) datan más de 250.000 años.

 La religión judía se fundó hace 2.500 a 4.000 años a. C., algo reciente  para la historia de la humanidad. 

El cristianismo tiene más de 2.000 años, ya que se originó en el siglo I en Judea, a partir de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, pasando de ser una pequeña comunidad de discípulos a la religión más extendida del mundo en dos milenios, consolidándose como una fe global. El islam tiene relativamente 1.400 años de antigüedad, surgiendo en la península Arábiga durante el siglo VII d. C., cuando Mahoma comienza a difundir el Islam en La Meca. El budismo tiene casi 2.500 años de antigüedad —siglo VI a. C.—, que tras la iluminación de Buda a los 35 años, sus enseñanzas se difundieron por la India y Asia.

El ateísmo, tiene aproximadamente 2.500 años de antigüedad, surgiendo de forma documentada al mismo tiempo que el budismo, y aunque la incredulidad pudo existir siempre, sus registros formales aparecen en el siglo VI-V a. C.. El wokeismo (woke —despierto en inglés—), se remonta a casi un siglo, cuando en 1.931, el músico y compositor de blues Leadbelly, utilizó la frase “stay woke” en una canción sobre un caso de injusticia racial, transformándose en el eje de la “guerra cultural progresista” actual.

                                             

EL POSTRE MAS ANTIGUO DE LA HISTORIA 

                                                                    

                                            Foto: ADRIANA ARENCIBIA LÓPEZ  

El flan de huevo es uno de los postres más antiguos de la historia, con raíces que remontan a más de 2.000 años, siendo los romanos quienes crearon una receta, que consistía en una mezcla de huevos, leche y miel cocida a fuego lento. 

Hoy día lo más habitual, es poner en un cazo —cuatro cucharas rasas de azúcar blanquilla de caña— a calentar a fuego medio, y sin revolver hasta el punto caramelo —que es cuando se licúa y adquiere un color amarillento oscuro—, para verterlo un un molde separado. Mientras se calienta el horno a 180° C, se cascan de cuatro a cinco huevos —según el tamaño—, para batirlos sin espumar con una varilla manual, añadiendo una cucharada de la misma azúcar por huevo utilizado, agregando de 800 a 1000 ml —1 litro— según los huevos utilizados, con la pulpa de una vaina de vainilla, y se termina el proceso revolviéndolo todo. Se añade la mezcla con cuidado en un molde, y con un colador fino se retira cualquier resto no deseado. Al introducirlo en el horno a 180° C, se deja estar durante cuarenta y cinco a sesenta minutos. Transcurrido el tiempo y/o superar la prueba con el palito de pincho si sale seco, se apaga el horno con el flan dentro hasta que se enfrie o se tivie, y pasarlo al frigorífico hasta el día siguiente, para desmoldarlo con precaución.


(*) Tomás Arencibia Mireles es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Zaragoza. 

Fotografía: Adriana Arencibia López.

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